| Pàgina actualitzada el 13 - 12 - 2003 |
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LA MEMORIA
La memoria se describe como la capacidad o poder
mental que permite retener y recordar, mediante procesos asociativos
inconscientes, sensaciones, impresiones, ideas y conceptos previamente
experimentados, así como toda la información que se ha aprendido
conscientemente. El
cerebro humano tiene diversos tipos de memoria. Una es la memoria a
corto plazo, que permite retener solamente durante unos segundos
cierta información, como por ejemplo, un número telefónico. Otra es la
denominada memoria a largo plazo que sirve para conservar la
información durante minutos, horas, semanas o incluso años.
Dos tipos más de memoria son la semántica y la episódica.
La primera guarda datos concretos, como la capital de Francia es París,
2x2 son 4, etc. Mientras que la memoria episódica conserva los recuerdos
de hechos vividos directamente por nosotros y los relaciona con diversos
elementos. La primera guarda información consciente sobre lo que deseamos
recordar. La segunda nos hace retener cosas sin que nos demos cuenta, como
por ejemplo los detalles de un paisaje a los que no hemos prestado
especial atención, o anuncios sin mucho interés y que sin darnos cuenta
luego somos capaces de recordar.
Existe también otro tipo de memoria llamada procedural, que
es la que nos permite realizar cosas después de haberlas aprendido, sin
tener que mantener constantemente nuestra atención. Un buen ejemplo de
esto es conducir un coche o ir en bicicleta. Una vez hemos aprendido e
interiorizado la técnica, la realizamos sin casi pensar en todos nuestros
movimientos. Hacemos estas actividades de forma tan inconsciente que
podemos estar pensando en otras cosas o conversar, pues ya no requieren
nuestra atención permanente.
La memoria humana tiene en realidad una capacidad mucho más elevada que
la del más potente ordenador. Pude llegar a contener diez billones de bits
(unidades de información).
Pero la capacidad de la memoria humana no es capaz de explicarlo todo,
pues también somos capaces de reconocer un objeto, aunque esté de lado,
boca abajo o en posición normal. Por ejemplo, sabemos que un vaso es un
vaso, aunque esté en posición horizontal o un poco tapado. Y todavía más,
sabemos que un objeto era un vaso si encontramos algún fragmento lo
suficientemente grande después de que se haya roto. Todo esto se produce
en nuestro cerebro sin que sea lógico que nuestra memoria contenga la
información sobre todas las posiciones posibles de un vaso y del resto de
objetos. La memoria humana tiene la capacidad extraordinaria para obtener
información sin que la haya adquirido explícitamente, sino haciendo
deducciones rápidas, prácticamente inmediatas. Sabemos reconocer un árbol
sin haber visto nunca esa especie concreta, no necesitamos haber visto
todos los árboles del mundo para identificarlo como tal.
¿Cómo puede la memoria humana contener tanta información y saber cómo
recuperarla dentro de nuestro cerebro? La respuesta a esta pregunta ha
sido una vía de investigación de numerosos científicos a lo largo de la
historia. Parece ser que los recuerdos se pueden recuperar gracias a la
excitación eléctrica de ciertas neuronas. La activación de un grupo
concreto de éstas permite recuperar un recuerdo. Y la transmisión de las
señales eléctricas a través de las neuronas, viene provocada a su vez
por sustancias químicas llamadas neurotransmisores. Por tanto, la
memoria está basada en la química.
El proceso por el cual la memoria humana es capaz de almacenar nuevas
informaciones parece ser que es el de la plasticidad de las sinapsis o
contactos neuronales. El cerebro humano no es una red de cables ya
formada, sino que las comunicaciones y los nuevos circuitos entre neuronas
se van creando a medida que aprendemos y recordamos nuevas situaciones
vitales y datos concretos.
Los recuerdos son registrados en nuestro cerebro gracias a los nuevos
circuitos creados. Cuantos más detalles diferentes tengamos de una imagen
y de su entorno, más fácil nos será que, con sólo ver una parte,
recordemos todo el conjunto. No hay un circuito activado para cada
recuerdo, sino un conjunto de circuitos que, activados al mismo tiempo,
proporcionan el recuerdo.
Existen técnicas memorísticas en las que, la asociación de los estímulos
visuales o auditivos nos ayudan a recuperar la información. Recordar una
lista de palabras escritas nos resultaría más fácil si, además de
leerla nosotros, alguien nos la repitiera en voz alta, y todavía más si
además las escribimos, ya que aquí se añade una actividad motora que
refuerza esta asociación. Por esto el contexto es muy importante en la
recuperación de los recuerdos. Hay recuerdos que nos es más fácil
evocar cuando nos encontramos en el contexto original donde fueron
adquiridos, por ejemplo, los recuerdos de la infancia de un lugar donde
fuimos de vacaciones, nos vienen a la mente mucho más claros cuando
volvemos a ese lugar y vemos, oímos y sentimos los olores de aquel lugar.
Es un claro ejemplo de memoria asociativa.
Las capacidades personales se pueden potenciar, existen técnicas de
memorización como las palabras mnemotécnicas compuestas por la primera sílaba
de los nombres a recordar. Otras explotan el papel del entorno o de
diferentes estímulos (visual, auditivo, olfativo...) para potenciar la
memoria. Aunque la simple memorización de listas de palabras sólo
permite ejercitar un tipo concreto de memoria.
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